Proteger el corazón durante el tratamiento contra el cáncer
Los avances en oncología han permitido mejorar significativamente la supervivencia de las personas con cáncer. Sin embargo, algunos tratamientos oncológicos pueden tener efectos sobre la salud cardiovascular, un fenómeno conocido como cardiotoxicidad.
Esta posible afectación del corazón se ha convertido en uno de los principales retos de la cardio-oncología, una disciplina que busca prevenir, detectar y tratar las complicaciones cardiovasculares asociadas al cáncer y a sus tratamientos.
¿Qué es la cardiotoxicidad?
La cardiotoxicidad es el daño que determinados tratamientos oncológicos pueden provocar en el corazón o en los vasos sanguíneos.
Puede aparecer durante el tratamiento, poco después de finalizarlo o incluso años más tarde. En algunos casos, puede afectar a la función cardíaca, favorecer arritmias o contribuir al desarrollo de insuficiencia cardíaca.
No todos los pacientes presentan el mismo riesgo. La edad, la hipertensión, la diabetes, el colesterol elevado, el tabaquismo o la existencia previa de enfermedades cardiovasculares pueden aumentar la probabilidad de desarrollar complicaciones.
El caso de las antraciclinas
Las antraciclinas siguen siendo uno de los tratamientos de primera línea para muchos tipos de cáncer por su elevada eficacia.
Sin embargo, también son uno de los grupos de fármacos más estudiados por su posible impacto sobre el corazón. Se estima que hasta un 35% de los pacientes tratados con antraciclinas pueden desarrollar algún grado de cardiotoxicidad o insuficiencia cardíaca.
Aunque los mecanismos implicados todavía se siguen investigando, se sabe que estos tratamientos pueden producir daño celular con impacto en la función cardíaca a largo plazo.
La prevención empieza antes del tratamiento
La mejor estrategia para reducir el riesgo cardiovascular comienza antes de iniciar la terapia oncológica.
Una valoración cardiovascular inicial permite conocer el estado del corazón, identificar factores de riesgo y establecer un seguimiento adaptado a cada paciente. Esta evaluación puede incluir antecedentes médicos, exploración clínica, análisis de biomarcadores y pruebas de imagen.
Durante el tratamiento, el control periódico ayuda a detectar posibles cambios en la función cardíaca antes de que aparezcan síntomas. Herramientas como la ecocardiografía, la resonancia magnética cardíaca o determinados biomarcadores permiten identificar alteraciones de forma cada vez más precoz.
Hábitos que ayudan a proteger el corazón
Aunque no siempre es posible evitar completamente la cardiotoxicidad, algunos hábitos pueden contribuir a cuidar la salud cardiovascular durante y después del tratamiento:
- Mantener una alimentación equilibrada.
- Evitar el tabaco.
- Realizar actividad física adaptada.
- Controlar la presión arterial, el colesterol y la glucosa.
- Mantener un seguimiento médico adecuado.
Estos hábitos no sustituyen al tratamiento médico, pero forman parte de una estrategia global de prevención cardiovascular.
El papel de la investigación
A día de hoy no existen tratamientos completamente eficaces para prevenir la cardiotoxicidad inducida por antraciclinas. Por eso, la investigación sigue siendo fundamental.
En este contexto surge RESILIENCE, un proyecto europeo financiado por la Comisión Europea que busca reducir la incidencia de insuficiencia cardíaca en pacientes tratados con antraciclinas.
El proyecto estudia una estrategia innovadora denominada Condicionamiento Isquémico Remoto (RIC), una intervención sencilla y no invasiva basada en aplicar ciclos breves de presión mediante un manguito en el brazo.
Además, RESILIENCE utiliza herramientas avanzadas de diagnóstico para identificar signos tempranos de cardiotoxicidad y actuar antes de que aparezcan complicaciones clínicas.
Mirando al futuro
La cardiotoxicidad continúa siendo uno de los principales desafíos para las personas que reciben determinados tratamientos contra el cáncer.
Aunque todavía no existe una forma definitiva de prevenirla, los avances en seguimiento cardiovascular, detección precoz e investigación están abriendo nuevas oportunidades para proteger el corazón de los pacientes.
Porque tratar el cáncer es fundamental, pero hacerlo preservando la salud cardiovascular puede marcar una gran diferencia en la calidad de vida presente y futura de las personas.
💙 En RESILIENCE trabajamos para que superar el cáncer no signifique comprometer la salud del corazón.


