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Los beneficios de la actividad física en la prevención y el tratamiento del cáncer

El cáncer, junto con los problemas cardiovasculares, es una de las principales causas de mortalidad a nivel mundial. En España, ocupa el primer lugar, tanto en incidencia como en número de fallecimientos debido a esta enfermedad. Sin embargo, se estima que solo entre un 5% y un 10% de los casos tienen origen genético o hereditario. El resto se asocia a factores ambientales y estilos de vida, lo que abre una puerta clara a la prevención primaria (evitar su aparición) y secundaria (mejorar el pronóstico en personas ya diagnosticadas).

Entre los factores protectores más destacados, la actividad física juega un papel clave. No solo puede reducir el riesgo de aparición de determinados tipos de cáncer, sino que también mejora la calidad de vida, la tolerancia al tratamiento y la supervivencia de los pacientes oncológicos.

¿Cómo actúa el ejercicio en el organismo?

La actividad física no solo mejora la forma física. A nivel biológico, influye en procesos fisiológicos y moleculares relacionados con el cáncer:

  • Reducción de la inflamación crónica: el ejercicio regular disminuye los niveles de sustancias inflamatorias en el cuerpo, como TNF-α, IL-6 o la proteína C reactiva, y aumenta otras como la adiponectina, con efectos antiinflamatorios.
  • Mejora del metabolismo de la insulina: ayuda a controlar la glucosa en sangre y reduce la disponibilidad de IGF-1, una hormona que puede favorecer la proliferación de células tumorales.
  • Regulación hormonal: en el caso del cáncer de mama, contribuye a disminuir los niveles de estrógenos y a frenar mecanismos que estimulan el crecimiento tumoral.
  • Refuerzo del sistema inmunológico: la actividad física potencia la capacidad del sistema inmune para detectar y atacar células anómalas, y reduce el estrés oxidativo.
  • Otros beneficios sistémicos: como la mejora del metabolismo celular, el aumento de la eficiencia mitocondrial y la promoción de una circulación sanguínea más saludable.

Ejercicio físico y riesgo de cáncer: ¿qué tipos se benefician más?

Determinados estudios indican que un estilo de vida activo puede reducir de forma significativa el riesgo de desarrollar varios tipos de cáncer:

  • Cáncer de mama: se estima que hasta un 13 % de los casos podrían prevenirse si las mujeres sedentarias incorporasen actividad física de forma regular. Además, en pacientes ya diagnosticadas, el ejercicio puede disminuir la mortalidad entre un 30 % y un 40 %, reducir la recurrencia y mejorar la supervivencia general.
  • Cáncer colorrectal: la práctica constante de ejercicio puede reducir su riesgo hasta en un 50 %, especialmente en hombres, gracias a la reducción de la inflamación y una mejor regulación hormonal y metabólica.
  • Otros tipos: se ha observado una asociación beneficiosa en cáncer de pulmón, gástrico y pancreático.

¿Y en los pacientes que ya tienen cáncer?

Los beneficios del ejercicio no terminan en la prevención. También es fundamental durante y después del tratamiento:

Durante el tratamiento:

  • Ayuda a mejorar la tolerancia a la quimioterapia y a la radioterapia.
  • Reduce efectos secundarios frecuentes como la fatiga, la pérdida de masa muscular, la depresión o el insomnio.
  • Mantiene la salud ósea y refuerza el sistema inmunológico.

Después del tratamiento:

  • Acelera la recuperación física y emocional.
  • Reduce la probabilidad de recurrencia tumoral.
  • Mejora la calidad de vida y la supervivencia a largo plazo.

Te animamos a leer nuestra entrada del blog sobre cómo volver a la rutina tras el cáncer.

Recomendaciones básicas

  • Se recomienda una combinación de ejercicio aeróbico y de fuerza, adaptado a las capacidades del paciente.
  • La pauta general es de al menos 150 minutos semanales de ejercicio moderado, o 75 minutos de actividad más intensa.
  • Es importante que la actividad física esté supervisada por un profesional, sobre todo en pacientes oncológicos, y adaptada a su estado clínico, tipo de tratamiento y posibles efectos secundarios.
  • El ejercicio debe comenzar de forma progresiva, aumentando la intensidad en función del estado del paciente.

La actividad física es una herramienta poderosa tanto en la prevención como en el abordaje del cáncer. En tipos como el cáncer de mama o de colon, su impacto es especialmente relevante.

Desde proyectos como RESILIENCE, en los que investigamos cómo proteger el corazón de los pacientes tratados con antraciclinas, también promovemos un enfoque integral de la salud que incluye el ejercicio como parte esencial del cuidado. Incorporarlo de forma sistemática en los programas de salud pública y en el acompañamiento clínico puede tener un impacto real en la reducción de la incidencia, recurrencia y mortalidad del cáncer. Porque moverse es también una forma de cuidarse.

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