El otoño trae consigo días más cortos, temperaturas que invitan al abrigo y una rutina que a veces establece el ritmo de nuevo. Esta época del año puede traer cierta calma o también más cansancio, cambios de ánimo o estrés.
Para quienes viven un proceso oncológico, estos ajustes pueden tener más importancia. El cuerpo y la mente hacen un esfuerzo enorme, y el corazón puede resentirlo.
El estrés físico y emocional sostenido no solo afecta el bienestar general, sino que también tiene un impacto real sobre la salud cardiovascular. Y cuando se combina con tratamientos oncológicos que pueden ser cardiotóxicos, la atención al corazón es más importante.
Estrés y corazón: una relación estrecha
El estrés activa el sistema nervioso simpático y eleva la liberación de adrenalina y cortisol. En pequeñas dosis, estas hormonas ayudan a reaccionar ante los desafíos, pero si esta activación se mantiene en el tiempo, como ocurre cuando vivimos en modo “alerta continua”, puede afectar al corazón.
Entre los efectos más comunes se encuentran los siguientes:
- Aumento de la presión arterial y de la frecuencia cardíaca.
- Alteraciones metabólicas (mayor glucosa y lípidos en sangre).
- Inflamación que daña los vasos sanguíneos.
- Disfunción endotelial, que dificulta una buena circulación.
A largo plazo, este desequilibrio puede favorecer la hipertensión, arritmias o insuficiencia cardíaca.
Con cáncer el impacto puede ser mayor
Durante el tratamiento oncológico, el cuerpo atraviesa una situación de alta demanda; algunos fármacos y terapias pueden tener efectos sobre el corazón, y el estrés crónico puede amplificar ese riesgo.
Algunos estudios, como un análisis de datos del NHANES (Escuela Nacional de Salud y Nutrición) realizado a personas con cáncer, señalan que quienes presentan niveles elevados de ansiedad o depresión tienen un 20-30% más de riesgo de sufrir complicaciones cardiovasculares y una evolución de salud menos favorables a largo plazo.
Estrategias para reducir el impacto del estrés
Cuidar la mente también es cuidar el corazón y por eso, algunas prácticas útiles en esta época del año pueden ser:
- Practicar la respiración consciente, el mindfulness o la relajación para reducir la respuesta fisiológica al estrés.
- Realizar una actividad física adaptada para mejorar el ánimo, la energía y la función cardíaca.
- Contar con apoyo psicológico o social ya que compartir el proceso emocional que supone el cambio estacional, puede favorecer la reducción de la ansiedad y la sensación de aislamiento.
- Mantener hábitos saludables como seguir una alimentación equilibrada, un descanso adecuado y evitar el consumo de tabaco y alcohol.
Estas medidas, junto con el seguimiento médico, ayudan a proteger el sistema cardiovascular y a sobrellevar mejor el tratamiento oncológico.
En RESILIENCE, también cuidamos tu corazón
En RESILIENCE investigamos cómo proteger la salud cardiovascular de las personas con cáncer, con la integración de la prevención, la innovación científica y el bienestar emocional.
Porque en momentos de cambios y estrés, como los que a veces puede traer el otoño, cuidar el corazón también es parte del tratamiento. 💙


