La cardiotoxicidad es una alteración en la función del músculo cardíaco causada por ciertos tratamientos utilizados contra el cáncer, especialmente los tratamientos antineoplásicos, como las antraciclinas. Esta disfunción puede evolucionar hacia una insuficiencia cardíaca, una de las complicaciones más serias en pacientes oncológicos.
En etapas tempranas, hablamos de cardiotoxicidad subclínica o preclínica, cuando el daño aún no genera síntomas visibles. El diagnóstico actual suele basarse en la aparición de signos de insuficiencia cardíaca o en una disminución de la fracción de eyección del ventrículo izquierdo (FEVI), un parámetro clave para evaluar la función del corazón.
El gran reto es que muchos pacientes no presentan síntomas hasta que el daño ya está avanzado, y los biomarcadores tradicionales suelen mostrar alteraciones cuando el corazón ha sido afectado de forma significativa.
Por eso, detectar a tiempo a los pacientes en riesgo es fundamental.
En este contexto, el proyecto europeo RESILIENCE investiga estrategias innovadoras para prevenir la cardiotoxicidad inducida por antraciclinas, antes de que aparezcan los primeros síntomas. A través de técnicas como el Condicionamiento Isquémico Remoto (RIC) y el uso de nuevas herramientas diagnósticas, RESILIENCE busca reducir el riesgo de insuficiencia cardíaca y proteger la salud cardiovascular de quienes han superado el cáncer.
Además, la investigación en nuevas tecnologías «ómicas» y en vías de señalización molecular puede ofrecer avances clave tanto en la detección precoz como en el desarrollo de futuras dianas terapéuticas.
Tipos de cardiotoxicidad
La cardiotoxicidad puede presentarse en distintas formas, según el momento en que aparece y su evolución:
- Cardiotoxicidad aguda: se manifiesta durante el tratamiento oncológico, generalmente con taquicardias supraventriculares u otras alteraciones del ritmo. Suele ser reversible y desaparece al interrumpir el tratamiento.
- Cardiotoxicidad crónica: puede aparecer hasta 30 meses después de la última dosis del fármaco. A menudo, se inicia con una miocardiopatía progresiva que, con el tiempo, puede evolucionar hacia una insuficiencia cardíaca congestiva (ICC).
- Cardiotoxicidad tardía: es una forma de la cardiotoxicidad crónica que puede aparecer entre 6 y 12 años después del tratamiento. En algunos casos, representa una recaída en pacientes que ya habían experimentado una forma aguda y se habían recuperado.
Detectar a tiempo estos tipos de cardiotoxicidad es clave para prevenir complicaciones mayores.
¿Cómo prevenir la cardiotoxicidad?
Prevenir la cardiotoxicidad no es sencillo, ya que, como hemos comentado, en muchas ocasiones no da señales claras hasta que el daño cardíaco ya se ha producido.
Por eso, es fundamental que los pacientes oncológicos consulten con su equipo médico la posibilidad de ajustar el tratamiento, valorar riesgos y realizar un seguimiento adecuado de la función cardíaca.
Además, llevar un estilo de vida saludable es una herramienta clave para reducir el riesgo cardiovascular, tanto durante como después del tratamiento oncológico.
Aquí te dejamos algunas recomendaciones prácticas:
- Realizar ejercicio físico regular adaptado a cada persona.
- Seguir una dieta equilibrada rica en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y grasas saludables.
- Mantener niveles de colesterol LDL por debajo de 100 mg/dl. En pacientes con alto riesgo cardiovascular, el objetivo es <70 mg/dl.
- Controlar la hemoglobina glicada:
- Menor al 7% en pacientes menores de 75 años.
- Entre 7,5% y 8% en mayores de 75 años.
- Evitar por completo el tabaco.
- Controlar la presión arterial:
- Inferior a 140/90 mmHg en general.
- Inferior a 140/85 mmHg en pacientes con insuficiencia renal o diabetes mellitus.
RESILIENCE y la cardiotoxicidad
Las antraciclinas siguen siendo uno de los tratamientos más eficaces frente a diversos tipos de cáncer. Sin embargo, se estima que hasta un 35% de los pacientes tratados con estas terapias desarrollan cardiotoxicidad e insuficiencia cardíaca.
Ante este reto, el ensayo clínico RESILIENCE se centra en pacientes con linfoma y cáncer de mama en tratamiento con antraciclinas, con el objetivo de evaluar una intervención innovadora: el Condicionamiento Isquémico Remoto (RIC).
Esta técnica consiste en interrumpir brevemente la circulación en un miembro (normalmente el brazo) mediante un dispositivo similar al de la toma de presión arterial. Estos estímulos breves activan una respuesta protectora en órganos vitales como el corazón, haciéndolo más resistente frente a posibles daños. Lo más destacable es que el procedimiento es no invasivo, sencillo y puede aplicarse en casa por el propio paciente.
Gracias a los datos recogidos en el estudio, RESILIENCE también busca validar dos avances clave en resonancia magnética cardíaca:
- Un nuevo marcador precoz de cardiotoxicidad.
- Una secuencia de imagen optimizada que reduce de forma significativa el tiempo de adquisición, facilitando el seguimiento clínico.
Además, el proyecto integra una estrategia centrada en el paciente, fomentando su participación activa en el desarrollo del estudio. Esto incluye la cumplimentación de cuestionarios de calidad de vida y valoración de los efectos de la intervención, lo que permitirá comprender mejor el impacto real del tratamiento.
En resumen, la cardiotoxicidad sigue siendo una complicación importante en pacientes oncológicos. El ensayo clínico RESILIENCE representa una oportunidad única para reducir su incidencia y mejorar la calidad de vida de quienes han superado el cáncer.


